Sandra Blázquez

27 octubre 2019

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Abriendo la mente para cumplir sueños | Excursión a Nairobi

Abriendo la mente para cumplir sueños | Excursión a Nairobi

Cuando decidimos hacer un viaje con los de tercero de primaria (los más mayores del cole) a Nairobi (la capital de su país) tuvimos varios pensamientos opuestos.

 

Una de las cosas que se nos vinos a la cabeza fue «con la de niños que se mueren de hambre ¿cómo vamos a gastar dinero en hacer una excursión?» pero enseguida tuvimos una respuesta clara.

 

Los niños que entran en nuestro colegio, no entran para entretenerse, comer y una vez llegados a la edad adulta recordar su infancia como algo bonito y ya.

 

Los niños que entran en nuestro colegio, lo hacen para superarse, para ser mejores, para ser libres y conseguir sus sueños, como todo el mundo se merece.

 

Para poder crecer, para poder aspirar a las cosas, hay que tener el conocimiento de que existen.

 

Y si queremos que estos niños crezcan con aspiraciones, se esfuercen en sus estudios y se motiven, tienen que saber que hay mucho más mundo que la miseria, las enfermedades y la supervivencia.

 

Por eso, finalmente, decidimos hacer el viaje a Nairobi con los 24 niños y niñas de tercero.

 

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Se montaron en un autobús por segunda vez en sus vidas y después de ocho horas de viaje, con los ojos abiertos como platos para no perderse nada, empezaron a ver edificios altos, semáforos, a todo el mundo con zapatos, luces, puentes, y parques, entre otras miles de cosas que veían por primera vez.

 

Las habitaciones del albergue que reservamos, tenía literas y tocábamos a una cama cada uno.

 

«¡Es la primera vez que voy a dormir en una cama!» decía Asukuku emocionada mientras las demás gritaban con ella diciendo lo mismo.

 

A pesar de tener su forma de vida tan presente, no dejaba de llamarnos la atención que para ellas, dormir en el suelo fuese lo normal.

 

El primer día les enseñamos a encender la luz, a tirar de la cadena y a usar la ducha entre otras muchas cosas. Era un aprender constante. Antes de dormir, se nos ocurrió pasar por las habitaciones para ver si necesitaban algo, porque aunque los profesores compartieran habitaciones con ellos, tampoco los profesores sabían muchas cosas de lo que para nosotros es la vida cotidiana. Ni un solo niño había abierto la cama para dormir. No sabían que había sabanas y que podían taparse.

 

Al día siguiente recorrimos Nairobi con un guía que les fue explicando la historia de la ciudad, al Museo Nacional de Nairobi, a comer cerca de un parque para que pudieran montar en columpios y al centro de jirafas.

 

Aquellos niños y niñas, llegaron a Nairobi un jueves con cara de asustados, hablando muy bajito y sin atreverse a decirle al camarero qué quieren para cenar («¿es que eso se elije?» se preguntarían).

 

El sábado cuando se montaron en el autobús para irse a sus casas, tenían la cara de quien ha descubierto algo nuevo, de quien sabe que también hay para él, de quien con nuevas ideas y nuevas ilusiones, vuelve a casa para contar a su familia que las oportunidades existen.

 

Quizás sea de las mejores cosas que hemos hecho en nuestra vida.

Esos niños y niñas, nunca volverán a ser los mismos.

 

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POR SANDRA BLÁZQUEZ

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